NOVIEMBRE AUDIOMENSUAL: Nouvelle vague, cosas que heredar

Raoul Coutard fue director de fotografía de más de 75 películas. La última, de José Pinheiro, en 1988. Pero las primeras, ah, las primeras, en los últimos cincuenta, y en toda la década de los sesenta, cuando dio (a) luz a la Nouvelle vague.

La Cinémathèque française ha tuiteado: “Raoul Coutard, 1924-2016. Adiós y gracias”. Y es que las filmotecas, y en concreto la Cinemateca francesa, tienen mucho que agradecer a los muchachos de la nueva ola, que hicieron de estos centros su lugar de encuentro. También las revistas de cine le deben todo a Cahiers du cinèma, cuyo debut en 1951 a las órdenes de André Bazin está indisolublemente ligado al movimiento.

captura-de-pantalla-249

Otros nos unimos a ese agradecimiento por todo lo que aprender con su legado, por las cosas que heredamos de Raoul Coutard y de los demás padres de la Nouvelle vague, ese movimiento que dio tanta importancia a la formación, no solo técnica sino, sobre todo, de cultura cinematográfica (y de otras, de todas). A aquellos chicos les gustaba pensar en el cine, indagar y experimentar y, por eso, por primera vez, homenajearon a otros autores recreando sus planos o secuencias.

Vamos con las cosas que heredar de la Nouvelle Vague, por ejemplo, la certeza de que el autor es la verdadera estrella. La personalidad de una película (de autor) se la da el director y para él por tanto son también los parabienes o los paramales. A partir de los sesenta se distinguió entre cine de autor y cine comercial. Incluso en el cine comercial por excelencia, el de Hollywood, reivindicaron a directores como Alfred Hitchcock, Howard Hawks o John Ford, los genuinos creadores de este arte coral, los que dotaron de personalidad a los productos de los estudios.

captura-de-pantalla-250

De la Nouvelle vague heredamos la idea de que las películas pequeñas pueden contener una genialidad que no abarca ninguna superproducción. Heredamos embarcarnos en proyectos en los que reducir presupuesto supone ganar libertad. Los equipos nueva ola cargaron las cámaras de 8 y 16 milímetros sobre sus hombros, apostaron por películas de mayor sensibilidad y salieron a la calle, en plan comando. El propio Coutard trabajó en su primera película (El desfiladero del diablo, Pierre Schoendoerffer, 1958) un poco por error, pensando que iba a ocuparse de la foto fija, ya que su profesión hasta el momento era fotoperiodista. La Nouvelle vague trajo a los largos aires de documental, dijo adiós a las estéticas recargadas y hola a nuevas situaciones menos encorsetadas.

Por estas y muchas otras cosas que heredamos viendo la fotografía de Raoul Coutard en Bande appart, Al final de la escapada, Jules et Jim…, es por lo que Nouvelle vague significa mucho más que cine francés de los sesenta. Excusas por contradecir a doña Agnès Varda.

captura-de-pantalla-251

Post ilustrado con fotogramas y paletas de color de Movies in Color