Drones: mirar al cielo mientras esperamos para cuidar el suelo

La ultima innovación de los parques temáticos Disney podría marcar la división de la tecnología del dron en dos subgrupos de aparatos, los que miran al suelo y los que nos hacen elevar la vista hacia el cielo. Los que tienen los pies en la tierra y los de la cabeza a pájaros. El primer subgrupo vivirá momentos mejores cuando goce de una normativa europea común y con sentido común y bajo su paraguas, las aplicaciones civiles comiencen a ser una oportunidad de negocio. Hoy por hoy, las novedades en el uso civil, las de los drones que miran al suelo, están casi en barbecho, como la tierra filmada a vista de dron que vas a ver a continuación. Para la ocasión, y sin que sirva de precedente, las imágenes están amenizadas con la Música para los reales fuegos artificiales de Georg Friedrich Haendel:

La normativa vigente no termina de definir el marco de actuación. La ley estatal, obra de la Agencia Española de Seguridad Aérea, es demasiado restricitiva, en opinión de los que se tienen que constituir en compañía aérea si quieren tener una flota de drones. Así que, de momento, en espera de la ley definitiva y común de la Unión Europea, podemos seguir imaginando infinitas posibilidades para hacer la vida más fácil con drones. Para nuestro alivio, cuando la realidad se nos hace demasiado prosaica nos queda la ficción, el entretenimiento. Ese es el territorio en el que nos adentramos con el nuevo desarrollo tecnológico Disney/Intel, que despliega opciones para cerrar una jornada de celebración con unos silenciosos fuegos de artificio-led, que no echarán a perder el trabajo de la orquesta. La última idea audiovisual de Disney en colaboración con Intel New Technology Group, que será un espectáculo de Navidad en todos sus parques de los EE.UU, consiste en la luminosa evolución coreografiada de 300 drones con un juego de leds flotando sobre un lago.

En los desarrolladores de INTEL/DISNEY han tenido que estar muy presentes tres ideas. La primera, ninguna conmemoración que se precie debería prescindir de su aparataje de luz y sonido. Dos,  el sonido no debería reducirse a las explosiones pirotécnicas seguidas del monótono Ohhh de los espectadores. Y tres, nunca más repetir los sucesos de un día primaveral en el Londres de hace tres siglos, desencadenados por las celebraciones del fin de la Guerra de Sucesión de Austria. Por intrincadas razones de estado, Inglaterra y las demás potencias europeas involucradas pusieron fin a la disputa con la firma del Tratado de Aquisgrán y con un buen espectáculo de luces y sonido, un verdadero Starbright Holidays avant la lettre, en la explanada de Green Park.


Aunque sin referencias bibliográficas al respecto, se supone la melomanía del rey Jorge II, como avala el hecho de que durante su reinado se utilizara por primera vez la canción patriótica God Save the Queen (genialmente versionada siglos después por un grupo denominado The Sex Pistols). Se nos hace patente, pues, la inquieta figura de un monarca harto de escuchar parcialmente a la orquesta durante las ceremonias, ahogado su sonido por el ruido de la pólovora al prenderse. Por todo lo cual, ha encargado a Haendel una composición en la que las explosiones no interfieran, sino acompañen, a la música. Pero para que a Haendel no se le suban los humos, hará circular una condición, que hará rabiar al músico: Haendel es invitado a bajar sus expectativas desde composición para orquesta a arreglo para banda. El compositor se ha tomado a su vez sus pequeñas venganzas, una de las cuales es la exagerada duración de la obertura. Este cúmulo de inquinas y desagrados va a tener como colofón los sucesos del 27 de abril de 1749, entre los movimientos denominados La Paz y El Júbilo, cuando las explosiones empiezan a descoordinarse de la melodía y terminan prendiendo la magnífica estructura de madera policromada que el arquitecto Giovanni Niccolo Servandoni había diseñado para colocar a los músicos. Podría haber sido una masacre gratuita. Se quedó en tragedia para los familiares y allegados de dos víctimas mortales. Los demás lo consideraron espectáculo bufo y el laureado compositor un agravio, del que solo se sintio resarcido cuando se le permitió versionar su composicion como música para orquesta.